Esperen sentados

Cuando alguien que admiro insinúa que podría mejorar, se me cae un poco el mundo. Tal vez haya quienes se lo tomen como un reto, como un desafío. Quizás piensen que esa persona lo dice para que se esfuercen un poco más y lo consigan.

Yo por otra parte me repliego y, lejos de parecerme al mar que regresa a la orilla o a un tsunami que se retira muy muy atrás para volver y arrasar con todo a su paso, me seco y el suelo queda agrietado, desierto. No me ofendo, ni me pongo a llorar; sólo lo acepto como si fuera palabra santa y no lo vuelvo a intentar. Cualquiera diría que soy una flojita, que al mínimo desaire se da por vencida. Cualquiera estaría en lo correcto.

Esperen sentados otro poema...

Adiós.

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