Collage


A veces nos encontramos recortados. Se nos vienen a la mente palabras sueltas, desunidas, o tal vez cosidas por un hilo invisible que, a lo mejor, logremos ver o entender con el tiempo. No todas nuestras historias son lineales; no todos los momentos pueden tomar la forma de un cuentito que nos contamos para ser felices y comer perdices.


Yo, por ejemplo, soy un collage. Estoy hecha de retazos, con distintos materiales. Tengo varios parches en el alma y algún que otro remiendo hecho a las apuradas, porque no me podía quedar tanto para darle un buen acabado.


Muchos de esos surcidos instantes aparecen hoy en solo una palabra o una frase. Y, para darle forma, solo puedo contarme a mí misma: entender mi propia historia desde el inicio. Siempre vuelvo al origen. Puedo reconocer que hubo algo que lo encendió todo. Se iluminaron mis mundos internos y jamás se volvieron a apagar.


Por eso me da gracia cuando alguien pretende conocerme o insinúa que me conoce de memoria. Es imposible. Ni siquiera yo encontré todos mis recortes. Algunos andan perdidos por algún rincón que ni yo conozco de mí.


Algunas de mis palabras o frases sueltas son: collage, mezcal, Apolo, verde, Pink Moon, árbol de la vida, río de tristeza, etcétera, etcétera. No podría escribirlas todas porque son un montón.


Quien lea esa lista seguramente no encontrará relación alguna entre todas esas cosas. Sin embargo, yo estoy hecha de ellas.


Parte de mi poesía lleva esas frases. Parte de mis canciones también. De hecho, cada uno de nosotros es así. Cada uno tiene su playlist y escucha sus universos interiores de vez en cuando para recordarse a sí mismo que existe: que duele, que ama, que puede reír muy fuerte, como así también llorar a los alaridos.

Hoy llego hasta acá. 





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